Resumen Partida: Sesión 15

Tras llegar al devastado carguero del Druida Lloyd, el grupo evalúa la catastrófica situación. El fuego consume los asentamientos y la plaga de la Extinción orbita el asteroide como un enjambre de insectos. El Le Heimat logra emparejarse brevemente con el Fiddler’s Green y se acuerda un plan conjunto: el navío del Vix, con escasez de combustible, rodeará el lugar buscando a la Capitana Bella Rossi, mientras el grupo de aventureros se adentrará en el Hangar 1, la zona más incendiada, en una misión suicida para recuperar los vitales Cristales de Cohesión.

Para mantener la comunicación entre ambas naves, Niccolo arroja a uno de los anfibios (Woki) al grupo, revelando que los hermanos comparten un vínculo telepático de ecolocalización que funciona como un radio bidireccional perfecto. Antes de partir, Lloyd le pide un favor personal a Ardghal: intentar recuperar su diario privado de su antigua oficina.

La torre de control y los secretos del Druida

El grupo ingresa al Hangar 1, el cual está envuelto en espeso humo tóxico y llamas. El camino principal está bloqueado por un aerials estrellado que pende peligrosamente de unas tensas grúas. Dividiéndose tácticamente para evitar asfixiarse, Francesco y Noreon (llevando a Woki) suben por unas pasarelas hacia la antigua torre de control, mientras Ardghal y Tomoko buscan un paso por los niveles inferiores.

Arriba, Francesco logra forzar la cerradura de la oficina y Noreon derriba los escombros que bloqueaban la puerta. En el interior, el espíritu del cuervo de Ardghal (Ismael) encuentra un brillante relicario oculto y huye volando con él. Al registrar el lugar, Francesco descubre planos que indican que el taller de artificieros (donde estarían los cristales) se encuentra en un nivel inferior. Además, logra recuperar el diario del Druida Lloyd, el cual está asegurado con un candado que sorpresivamente lleva grabado el emblema del giroscopio de la iglesia de Capital Rex, generando nuevas e inquietantes sospechas sobre el pasado del gnomo.

Combate entre las llamas

En el nivel inferior, al percatarse de que el navío estrellado bloquea el paso, Tomoko utiliza su mano mágica para accionar a distancia el mecanismo de liberación de la grúa. Los cables ceden y el aerials cae, despejando el camino inferior pero desestabilizando peligrosamente las pasarelas superiores de metal.

Aprovechando el caos, el humo y el ruido, el polvo de obsidiana negra esparcido por el suelo se ensambla sorpresivamente, formando dos colosales constructos de piedra con forma de gorilas. Uno embosca a Francesco en la pasarela superior, asestándole un duro golpe en el pecho antes de que el monje logre exponer el brillante núcleo de la criatura con un letal ataque de antorcha. Noreon acude rápidamente al rescate y, combinando un golpe devastador de su martillo y un contraataque eléctrico, destruye por completo a la criatura.

Simultáneamente, el segundo gorila de piedra ataca a Ardghal. Sin embargo, el druida reacciona rápidamente invocando un terreno de espinas mágicas (Spike Growth) que destroza las piernas del constructo, y llama a su Espíritu de Fuego, el cual incinera a la criatura de obsidiana antes de que logre un impacto fatal. Con la amenaza inmediata neutralizada y el camino despejado, el grupo se prepara para descender hacia las profundidades del taller.

La revelación de la Sirena

Con la amenaza neutralizada, el brutal impacto de la nave caída disipa momentáneamente la densa cortina de humo tóxico del pasillo inferior. Al avanzar, Tomoko se topa con una escena sobrecogedora: al final del corredor, la Capitana Bella Rossi, cubierta de ceniza, con la ropa rasgada y visiblemente malherida, se encuentra en un tenso cara a cara con el Marliano.

A diferencia de la extenuada capitana, la entidad de piedra verde no muestra signos de fatiga, aunque su caparazón físico está severamente destrozado, perdiendo piezas enteras de armadura por donde se fuga una resplandeciente ánima blanca y rosada. De pronto, el extraño casco en forma de crustáceo del Marliano comienza a mutar, suavizándose hasta formar una esfera perfecta, similar al yelmo del Sumo Juez. Esta esfera pierde su opacidad hasta volverse como un cristal transparente.

En su interior, Tomoko logra vislumbrar un rostro esbelto y femenino. La esfera de cristal se resquebraja como un huevo y estalla, liberando una tormenta de energía y humo blanco que flota hacia arriba como una cabellera llameante. En ese instante, desde el costado de Tomoko, la cabeza robótica de ERYS emite un diagnóstico cruzando datos con la memoria del Sumo Juez: el ser frente a ellos no es un Marliano cualquiera. Es la mismísima Sirena Ethea.