Resumen partida

Tras el desesperado ingreso a la catedral enterrada, el grupo se encuentra a salvo dentro, pero el aire rápidamente comienza a escasear, sofocando a varios de los presentes. Es entonces cuando unas peculiares criaturas voladoras, a las que asemejan con plantas o “mariposas”, demuestran su verdadera función: al adherirse a los cuerpos de los aventureros, generan una burbuja de aire violeta que les permite respirar con normalidad. Estas criaturas, de comportamiento instintivo y protector, salvan a la tripulación de una asfixia segura en el oscuro recinto.

Con la respiración estabilizada, el grupo se dispone a explorar el lugar. Franceso, embargado por una repentina nostalgia de sus tiempos como joven aventurero, se muestra inusualmente entusiasta, y junto a Noreon, colaboran con Ardghal en un curioso encuentro. La Capitana Bella Rossi sufre un traspié al perder su bitácora cuando una de las arañas de piedra (ahora en retirada al ver entrar a las “plantas-mariposa”) se lleva el cuaderno. Trabajando en equipo, Ardghal, con la ayuda de Francesco, logra interceptar a la criatura y recuperar las preciadas notas.

Mientras tanto, la enjambre de arañas de piedra comienza a comportarse de forma inusual. En lugar de atacar, se aglomeran frente a una de las pesadas puertas interiores del recinto. Ante los ojos atónitos del grupo, las criaturas se ensamblan entre sí, formando intrincadas estructuras fractales que actúan como cuñas y palancas, logrando finalmente derribar la puerta y dispersándose hacia el interior de la gran nave de la catedral.

Avanzando con cautela por el nuevo corredor iluminado tenuemente por magia, Francesco y Tilena notan un detalle inquietante: la arquitectura del lugar guarda una similitud perturbadora con los monasterios y catedrales de Capital Rex, con columnas altas y bóvedas diseñadas para amplificar la acústica. Este descubrimiento resulta inexplicable, considerando que se encuentran en un mundo supuestamente ajeno y en ruinas que parecen tener una antigüedad incalculable, muy anterior a las primeras expediciones registradas hace veinte años por Erik Lefard

La exploración los conduce hasta el centro del salón principal, donde un podio circular rodeado de jeroglíficos atrae la atención de Tomoko. Con esfuerzo, logra descifrar algunas frases grabadas en la piedra. La primera, aparentemente un añadido posterior como un grafiti, reza: “Salve la sirena Ethea”. Las inscripciones originales dictan órdenes más crípticas: “Deje aquí su Navi e ingrese”, “Sirve al dios Axial, protégete de la extinción”, y finalmente, “Emetrio de recepción y soporte. ERIS”.

Al pronunciar la palabra “ERIS”, el podio se activa de manera inesperada. Las piezas sueltas de piedra en el centro comienzan a unirse mediante una fuerza desconocida, ensamblando lentamente la figura de un ser mecánico con un ojo brillante azul. La criatura levita levemente y un rayo horizontal escanea a cada miembro del grupo. A pesar de los intentos de Noreon por cegarlo o de Francesco por esquivarlo, la máquina completa su análisis sin causar daño.

Tras una breve serie de reconfiguraciones y sonidos mecánicos, el ser logra emitir una voz metálica que termina por adaptar al idioma local. “Bienvenidos”, saluda ERIS, identificándolos como “cinco criaturas orgánicas”. Sin embargo, la maravilla del encuentro dura poco. Al preguntarle cómo recargar su evidente falta de poder (rechazando “buenas bayas” y gemas), ERIS anuncia que detecta “señales de cristales de cohesión” y, de forma abrupta, se transforma en una rueda que se lanza a toda velocidad hacia la salida de la catedral, dirigiéndose directamente hacia el Motor Zaithan del Le heimat