Resumen Partida: Sesión 16

En las profundidades del Hangar 1, envuelto en llamas y caos, el grupo se enfrenta a una decisión crítica. Tomoko observa cómo la armadura del Marliano se resquebraja por los ataques con bombas de polvo de ballena de la Capitana Bella Rossi, revelando el verdadero rostro de la entidad: la Sirena Ethea, ahora con la apariencia esbelta de la mujer de los murales y un cabello ardiente de ánima pura que se fuga de su dañado cuerpo físico (Navi). Ciega por la venganza, la capitana la ataca sin piedad, exigiéndole a Tomoko que participe en la matanza.

Prioridades divididas y el fin de la venganza

Ante la obstinación de Bella y el riesgo inminente de perder el poco combustible que queda debido a que las llamas se extienden, el grupo toma medidas drásticas. Tomoko decide que la supervivencia es primordial; abandona la idea de mover la pesada caja de suministros por fuerza bruta (luego de que Francesco se alejara para llevar los Woki-Tokis a salvo al Le Heimat) y opta por vaciar rápidamente todos los vitales Cristales de Cohesión directamente en su Bag of Holding, asegurando el combustible necesario para escapar.

Mientras tanto, los hermanos O’callahan intentan detener el combate. Ardghal invoca raíces mágicas (Entangle) que logran apresar a Bella, aunque Ethea escapa fácilmente de las enredaderas. Ardghal invoca a su espíritu animal, Ismael, y Noreon a su arma espiritual para obstaculizar físicamente los ataques mutuos, pero Bella es incontrolable. Finalmente, es Noreon quien toma la iniciativa física definitiva: atrapa a la capitana por la espalda en una llave de inmovilización. Tras forcejear salvajemente y patalear, la furia de Bella se desvanece, transformándose en un llanto de puro agotamiento y dolor. Derrotada y sin fuerzas, pide que la bajen, renunciando finalmente a su cruzada suicida tras darse cuenta de que seguir significaba la muerte de todos. Ardghal sella este momento entregándole el relicario que recuperó Ismael de la oficina del Druida, el cual contiene una foto de ella en su juventud con ropajes nobles, revelando su pasado antes de ser orca, junto a su difunto prometido Aurelion.

El Veredicto del Dios Axial y el ataque del Leviatán

En medio de la tensión y mientras Ethea, de forma dócil y perdiendo rápidamente su ánima, interactúa pacíficamente con Ardghal y Noreon, una luz cegadora inunda el hangar. El colosal Emetrio conocido como el Leviatán pasa cerca de las ruinas y dispara un poderoso rayo de luz concentrada (AoE) que impacta de lleno a Ardghal, dejándolo inconsciente en el suelo. Tomoko lo salva rápidamente arrojándole a distancia una poción de curación.

Con el combate detenido, la Sirena Ethea se acerca a los aventureros. Ante las preguntas de Tomoko sobre su pasado y su naturaleza, Ethea revela una trágica verdad: ella no es la primera Sirena, sino la última, recuperada hace 20 años en un frágil cuerpo físico que ha perdido sus piernas. Confiesa que su pueblo, los Marlianos, no pereció a manos de la plaga de la Extinción como se creía, sino porque “olvidaron su Verbo” (el propósito u orden otorgada por el Dios Axial), y que su extinción es el veredicto del creador.

El renacimiento de la Sirena

Sabiendo que su cuerpo actual está perdido y su ánima se desvanece, Ethea toma una decisión radical. Tomoko le ofrece la cabeza robótica de ERYS (el Emetrio de soporte) como un posible recipiente. Ethea explica que no puede asimilarla de la misma forma que otros Emetrios porque ERYS ha adquirido una consciencia propia, pero que sí puede transferirle todo su conocimiento.

Ante los ojos atónitos del grupo, Ethea se coloca la cabeza de ERYS sobre los hombros, apagando su propio cuerpo. De forma similar a un proceso de autodestrucción, el cuerpo del Navi de Ethea se derrite en un metal líquido que se fusiona con la cabeza robótica de ERYS. Tras una serie de visiones mentales caóticas que el grupo experimenta de primera mano sobre la vida en Marloe antes de la tragedia y el apocalipsis de la Extinción consumiendo todo bajo un cielo rojo, la entidad renace. De la amalgama de metal derretido surge una figura con la apariencia de una niña pequeña de ropajes blancos, envuelta en un velo inferior que asemeja una medusa, la cual funciona como un sello para retener su ánima.

El misterio del diario

Con el hangar a punto de colapsar, el Le Heimat y el Fiddler’s Green (el cual emerge majestuosamente de la zona inferior del asteroide) inician maniobras de despegue. Tomoko logra subir a la recién renacida Ethea/ERYS a bordo del navío del Druida usando una cuerda, notando que la niña carece de un cuerpo físico sólido debajo de su vestido.

Antes de partir, y con ayuda de su forma animal temporal de cuervo para volar entre naves, Ardghal confronta al Druida Lloyd en el Fiddler’s Green sobre el diario recuperado. Lloyd, mostrando su verdadera y caótica naturaleza, se muestra desinteresado en el libro tras haber obtenido la sabiduría que buscaba sobre las ruinas. Revela un último secreto inquietante: el diario nunca le perteneció a él, sino a Aurelion Mantor (el anterior décimo Vix y prometido de Bella). Según Lloyd, quien escribió sus propias notas encima de las originales de Aurelion, los apuntes sugieren que el prometido de la capitana no fue asesinado al azar por los Marlianos, sino porque “encontró algo que no debía encontrar”.

”¿Por qué estás siguiendo a estos mortales?”

En los últimos momentos antes de que las naves abandonen las ruinas, un silencioso intercambio ocurre entre la recién moldeada y frágil Sirena Ethea y la consciencia de ERYS. Ethea, observando fijamente a los aventureros que acaban de salvarles la vida, cuestiona la lealtad de la inteligencia artificial. “¿Por qué estás siguiendo a estos mortales?”

Tras un breve ruido estático y metálico, evidenciando un procesamiento más allá de su programación básica, ERYS responde con su fría pero ahora consciente voz: “Bueno… yo no los entiendo. Pero ellos me ayudan brindando soporte para que yo cumpla mi verbo. No sé cómo definirlo. Tal vez sea amistad.”

La sesión concluye con ambos navíos abandonando el carguero devastado, dejando atrás los enjambres de la Extinción orbitando el asteroide inerte, para adentrarse por fin en el vacío estelar con rumbo al Nuevo Mundo Vhita.