En Mundo Vhita, donde las criaturas viven mientras sueñan y mueren cuando dejan de soñar, la Guagua se negaba a olvidar sus sueños, no quería morir. Siempre cautelosa, la Guagua protegía sus sueños del propio destino. Aunque vivió muchos años y conoció muchas otras criaturas, solo el Chigüi llamo su atención, igual de longevo a la Guagua, pero con mirada impasible y sin miedo a morir ante los muchos peligros.

Cuenta la leyenda que cuando Yulaih creó el primer bosque, la Maniwa, las criaturas del mundo empezaron a soñar y luego a morir, y así empezó el ciclo de la vida.

Sin embargo, había una criatura que se resistía a morir como las demás: la guagua. Yulaih le explicó que todas las criaturas que sueñan deben morir para preservar su esencia en la Maniwa y así puedan surgir nuevos sueños en su próximo renacer. Pero la guagua era terca e insistía en que no debía morir si nunca había soñado: “¿Qué caso tiene morir si nunca he soñado?”, decía.

Yulaih la dejó vivir, advirtiéndole que todas las criaturas, incluso las más pequeñas como ella, sueñan. La guagua vagó durante los primeros años del mundo, mientras otras criaturas morían. En sus numerosos viajes y aventuras, la guagua conoció finalmente al chigui, una criatura impasible que no titubeaba ante los peligros del mundo y parecía no tener miedo a la muerte.

La guagua estaba sumamente interesada en la falta de emociones del chigui. Incluso las demás criaturas parecían temerle, siendo que la muerte siempre lo perseguía allá donde iba. La guagua preguntó al chigui por qué no temía a la muerte. Tal vez pensaba que había encontrado una criatura igual de osada, capaz de enfrentarse a la muerte e incapaz de soñar, pero solo recibió silencio como respuesta.

La guagua anduvo mucho tiempo siguiendo los pasos del chigui, esperando que su cuerpo flaqueara o algún peligro acabara con su vida al fin. Sin embargo, el chigui y la guagua permanecían vivos contra cualquier otro pronóstico. La guagua nunca supo lo que el chigui soñaba o si acaso era capaz de hacerlo, pero el tiempo que pasó junto a esta imperturbable criatura hizo que la guagua empezara a soñar por los dos.

Su primer sueño fue un recuerdo distorsionado. Conoció al chigui por primera vez, pero este era tan jovial y entusiasta como la guagua, y tomaba su brazo para zarandearle, preguntándole: “¿Por qué no mueres?“. La guagua respondía con la voz indiferente que caracterizaba a su compañero el chigui: “No puedo morir si no he soñado”.

El segundo sueño fue un futuro incierto. En medio de la noche, mientras las dos criaturas descansaban, la guagua se levantaba y alzaba una pesada piedra para dejarla caer en la cabeza del chigui. La sangre y las tripas corrían en las plantas y una de las dos criaturas que nunca soñó por fin había muerto.

El tercer sueño fue una realidad alterna. La guagua nunca conoció a su compañero, el chigui. Las dos almas viajaron por siempre separadas. La guagua vivió mil años más soñando con nunca morir, mientras que el chigui vivió mil años iguales soñando con morir al fin.

El final de esta historia es un misterio para los últimos hijos. Algunos dicen que el chigui hizo soñar a la guagua para no compartir su eternidad; otros dicen que la guagua decidió soñar para no ver al chigui morir nunca.

En cualquiera de los casos, los primeros días del año, los vhitianos celebramos la inmortalidad de la guagua, quien se atrevió a no morir sin haber soñado.