En el principio, Yulah y su padre soñaron el sistema de mundos manipulando las energías arcanas, divinas y primordiales que siempre han cruzado el plano material y solo algunos controlan.

Los mundos fueron encadenados a los elementos para darles forma, ante esto, yulah creo a sus hermanos los renacientes para ayudarle a moldear los cuatro mundos y contener las energías elementales volátiles que pudieran deformar los mundos creados.

Cuando los mundos tuvieron forma y los seres vivos empezaron a habitarlos, yulah creo a los mandatos, seres encargados de proteger los mundos de la extinción y garantizar la eternidad del sistema. Los mandatos eran iguales a los renacientes, pero su inmortalidad era solo una y no podían reencarnar como ellos. Cuando yulah concluyo su obra, otorgo a los renacientes, además del poder elemental que ya retenían; el control sobre la magia arcana y la divinidad para que fueran ellos quienes mantuvieran su creación eterna mientras ella volvía a dormir guardando para sí misma la magia primordial. Como resultado de esto, los habitantes de los mundos estuvieron sumidos en oscuridad sin conocimiento de su propia posición privilegiada en este plano, o en opinión de otros, “la época de verdadera paz” Este periodo en los mundos termino cuando los mandatos dejaron de mirar hacia afuera abandonando su inmortal tarea de proteger los mundos y empezaron a estudiar las criaturas que los habitaban. Entonces los mandatos bajaron a los mundos y trajeron nuevos conocimientos a los mortales que habían robado a los renacientes devolviendo la magia a los mundos. Los primeros seguidores de los mandatos viajaron de muchos lugares hasta hallar la Maniwa en el Mundo Vhita, fue allí donde sucedieron grandes enfrentamientos con los renacientes aun resentidos por los poderes usurpados y en especial, por su afán de proteger la magia primordial guardada en los salones de Yulah. Los hechos ocurridos durante esta guerra no son claros y varias leyendas cursan en tiempos distintos; se dice que los mandatos ganaron y recluyeron a los renacientes en sus planos elementales condenados a renacer en cuerpos mortales para ver los mundos que habían creado. Se dice también que los mandatos accedieron a los salones de Yulah, y la magia primordial fue liberada pero ningún mandato se atrevió a robar esta energía, la magia primordial era inestable y se mezclaba con los sueños lucidos de Yulah, tanto así que los salones de Yulah y las tierras de la Maniwa quedaron sepultadas en laberinticos bosques verdes que cubrieron todo el Mundo Vhita, penetrando las montañas con su magia manchando sus minerales para siempre. Algunos llaman a este hecho como la llamarada primordial.
Las leyendas de los omatlan dicen que cuando la luna roja brillo en el cielo, los mandatos decidieron volver a su hogar fuera de los mundos retomando su viejo oficio, siendo que la luna roja era la advertencia del viejo padre a los mandatos de las consecuencias por liberar la energía primordial en los mundos. Con su desaparición, los seguidores de los mandatos renacieron como Los hijos del sol manteniendo las enseñanzas de los mandatos sobre el control de las energías arcanas y divinas, sin embargo, siguen ambicionando las energías primordiales que los mandatos se negaron a robar. Los imperios nacieron y murieron durante los años siguientes enfrentando a los pueblos en pequeñas guerras comparadas con los antiguos enfrentamientos de los mandatos y renacientes, sin embargo, los objetivos se mantienen entre los que codician los salones de Yulah y la energía primordial; y los seres que han jurado proteger a su creadora.